
La artrosis es la enfermedad de las articulaciones más frecuente del mundo y afecta a millones de personas. En Alemania, unos cinco millones de pacientes padecen estas molestias. Dado que la artrosis está causada por sobrecarga crónica, desgaste relacionado con la edad o lesiones anteriores, el número de afectados aumenta con la edad.
La artrosis surge como consecuencia del desgaste progresivo del cartílago articular. Normalmente, este cartílago está situado como cuerpo de deslizamiento entre los huesos y permite el movimiento sin fricción de las articulaciones.
Sin embargo, en caso de una artrosis, el cartílago se ha ido degradando paulatinamente o está dañado como consecuencia de una lesión, lo que puede causar, inicialmente, fricción y dolor y, finalmente, una limitación de la movilidad y rigidez.
Los síntomas de la artrosis pueden variar en función de la articulación afectada y el grado de la enfermedad.
Al principio, los primeros síntomas de la artrosis se manifiestan frecuentemente después de periodos de reposo prolongados o por la mañana. Entre ellos se encuentran dolor y rigidez de las articulaciones afectadas que van mejorando al cabo de un cierto tiempo inicial. Además, puede surgir dolor después de esfuerzos intensos o actividad física.
Con el avance de la enfermedad, los dolores se vuelven más intensos y se producen también con esfuerzos reducidos o incluso en fases de reposo. Los afectados refieren a menudo un dolor sordo y profundo que empeora con el movimiento. Además, puede surgir una sensación de inestabilidad de la articulación, hinchazones, restricciones de movimiento, así como fricción y chasquidos.
En la fase avanzada de la artrosis se puede producir la destrucción completa del cartílago articular, así como deformaciones visibles de la articulación. Entonces, el dolor también aparece durante la noche y puede perjudicar el sueño. Esto se asocia a menudo
a una disminución clara de la fuerza muscular, así como fuertes restricciones de la movilidad y la funcionalidad de la articulación.
Artrosis de rodilla (gonartrosis)
La rodilla está formada por tres segmentos. En consecuencia, se distinguen tres tipos o formas de gonartrosis. Con la gonartrosis medial está afectado el cartílago articular en la parte interna de la rodilla. Con la artrosis retropatelar encontramos signos de desgaste en la rótula y en el cojinete rotuliano. Con la gonartrosis lateral está desgastado el cartílago en la parte externa de la rodilla.
Artrosis rotuliana (artrosis retropatelar)
Una forma de gonartrosis es la artrosis rotuliana, en la que los síntomas de desgaste afectan a la rótula y al cojinete rotuliano. Se produce por el desgaste del cartílago bajo la rótula. Al principio, el dolor suele aparecer durante el esfuerzo y más tarde también en reposo.
Artrosis de muñeca (artrosis en la articulación radiocarpiana)
En la artrosis de la muñeca, la capa de cartílago que protege la muñeca se destruye debido al desgaste, de modo que los huesos rozan entre sí. El dolor que produce es más pronunciado por la mañana y suele disminuir después de algunas dificultades iniciales.
Artrosis de la articulación carpometacarpiana del pulgar (rizartrosis)
En la artrosis de la articulación carpometacarpiana del pulgar (rizartrosis), se produce un desgaste del cartílago articular entre el hueso trapecio y el primer hueso metacarpiano en el pulgar.
Artrosis del tobillo (artrosis de la articulación talocrural)
La artrosis del tobillo afecta a la articulación tibiotarsiana del tobillo y está causada por el desgaste del cartílago que protege los extremos de los huesos de la articulación. Las personas afectadas sufren frecuentemente de dolor y rigidez de la articulación, especialmente después de fases de reposo o en caso de esfuerzo.
Artrosis en el codo (artrosis de la articulación radiocubital)
La artrosis del codo está causada por el desgaste del cartílago que protege los extremos de los huesos de la articulación. Las personas afectadas sufren frecuentemente de dolor y rigidez en el codo, especialmente al realizar movimientos como la flexión o extensión del brazo.
Existen diferentes factores que pueden favorecer los daños en el cartílago articular. Además, lesiones y enfermedades anteriores pueden llevar al desarrollo de una artrosis.
La medida de prevención más importante para la artrosis es el ejercicio regular. Este fomenta el aporte de nutrientes y la regeneración del cartílago articular. En este contexto, se recomienda especialmente practicar deportes que no producen ningún impacto en las articulaciones, tales como natación y ciclismo.
En cambio, se deberían evitar patrones de movimiento unilaterales, sobrecargas, cargas incorrectas e impactos. En muchos casos es posible eliminar cargas incorrectas mediante un entrenamiento y fortalecer la musculatura de apoyo.
Dado que el sobrepeso también representa una carga adicional para las articulaciones, se debería aspirar a mantener un peso normal. Es aconsejable seguir una dieta equilibrada con suficientes vitaminas y minerales para el aporte de nutrientes.
El tratamiento de la artrosis está enfocada a aliviar el dolor, ralentizar el avance de la enfermedad y conservar o incluso mejorar la movilidad. Es importante adaptar los métodos de tratamiento, individualmente, a los requisitos y las necesidades específicos. Consulte a un médico y solicite que le prepare una recomendación para su tratamiento de artrosis hecha a medida.
Medicamentos: Analgésicos o antirreumáticos no esteroideos (ARNE) para aliviar el dolor y la inflamación (previa consulta con profesionales médicos)
Fisioterapia: Ejercicios para la alineación anatómica, prevención de cargas incorrectas, fortalecimiento de la musculatura de apoyo y mejora de la movilidad de la articulación
Ortesis y vendajes: En casos agudos graves, se pueden utilizar temporalmente ortesis para la inmovilización. Para restablecer el movimiento sin dolor se emplean vendajes. Estos descargan y guían las articulaciones, apoyando así el proceso de regeneración y de curación.
Cambio de la dieta: Una alimentación equilibrada con alimentos antiinflamatorios para la reducción de los síntomas
Inyecciones:
Se pueden administrar inyecciones de ácido hialourónico, sangre autóloga, células madre o cortisona directamente en la articulación, con el fin de aliviar el dolor y mejorar la movilidad.
Operaciones:
En casos avanzados puede ser necesaria una intervención quirúrgica, como una corrección del eje (osteotomía correctora) o una prótesis articular (endoprótesis).
Trasplante de cartílago (trasplante de condrocitos autólogos ACT):
Con este procedimiento terapéutico se retiran células de cartílago propias del cuerpo y se cultivan en una solución nutritiva. A continuación, se vuelven a aplicar las células de cartílago cultivadas en la zona del defecto.